“¿De qué os extrañais?” Reflexiones de Axun Urbieta ante

Axun Urbieta, candidata de Plazandreok a las Juntas Generales de Gipuzkoa

Dominique Strauss Kahn, director del F.M.I y candidato del partido socialista francés, está encarcelado, acusado agresión sexual e intento de violación. Y todo el mundo está sorprendidísimo. ¿Cómo es que a un señor con tanto dinero, con tanto poder, le han podido pillar en eso? O:  “Imposible, un señor de estos no hace esas cosas”. O: “tiene mucho poder, luego muchos enemigos, le han puesto una trampa”. Pobre hombre.

Nosotras, Plazandreok, también estamos por la presunción de inocencia. Faltaría más. Pero poderosos aprovechándose de su poder para acosar y/o agredir a mujeres es algo que se repite y se repite, y además con impunidad, desde que nos acordamos. Hagamos un repasito a hechos de lo más recientes:

Daniel Ortega (hoy presidente de Nicaragua y jefe del Frente Sandinista), fue acusado por su hijastra Zoilamerica Narvaez de agresiones sexuales y violación, que empezaron cuando ella tenía ella 13 años. Él es la primera figura, el símbolo de la revolución sandinista. Pero el comandante no solo se fue de rositas. En las siguientes elecciones fue el más votado y hoy es presidente de su país.

La imagen de Boris Yelsin, pellizcando a una secretaria en no se qué reunión importantísima, dio la vuelta al mundo. Bueno, este era porque bebía, y era así de simpático.

Recordemos la larguísima carrera de obstáculos y humillaciones públicas por las que tuvo que pasar Nevenka Fernández en su juicio por acoso a Ismael Alvarez, Alcalde de Ponferrada, del PP.

Moshe Katsav, ex primer ministro israelí, tuvo que dimitir, acusado, juzgado y sentenciado por violación. ¿O eran varias violaciones?

Las denuncias de Mujeres de Negro de la ex Yugoslavia, consiguieron que las violaciones en masa de mujeres por parte de soldados, de cualquiera de los ejércitos, fueran reconocidas por la ONU como crímenes de guerra. Denunciaron por primera vez en la historia que esas prácticas eran y son habituales, estrategias de vencedores contra vencidos en todas las guerras.

Ahora estas denuncias llegan y no paran de llegar de las mujeres de Haití. A su extrema situación después de la catástrofe hay que sumarle ahora las violaciones, las agresiones por parte de los hombres que pululan por lo que se supone que es su único refugio.

Y tampoco podemos olvidar la cantidad de pederastas de la iglesia católica que han sido denunciados en los últimos tiempos. Con la complicidad del Vaticano, cuyo único esfuerzo ha sido el de tratar que no se hicieran públicos. No le importaban las niñas y los niños que padecieron esa situación. Le importaba el escándalo, provocado por los abusos de esos hombres de dios, hombres al fín y al cabo.

¿De qué os extrañais pues? Los malos tratos, agresiones y asesinatos de mujeres por parte de hombres, conocidos o desconocidos, están a la orden del día. Estamos hartas, más que hartas de oir que era un buen hombre, que se llevaban bien. O que era un enfermo o que estaba borracho, como el que violó y asesinó a Nagore Lafagge. ¿Acaso creeis que lo van a llevar escrito en la frente? Qué más quisiéramos.

Nosotras, las feministas, siempre, pero siempre, hemos dicho que no están ni enfermos, ni locos, ni borrachos, ni serenos. Que son   hombres normales y corrientes. Pobres o ricos, guapos o feos, poderosos o no. La única condición que se requiere es ser un hombre, un hombre y un machista que cree que las mujeres estamos ahí para eso. Para lo que guste mandar, para servirle a usted. Tanto si queremos como si no. A las buenas o a las malas.

Ahora, visto lo visto, con este señor tan poderoso, tan presidente del FMI y tan candidato necesario del PS francés, Plazandreok queremos creer que se acabó la impunidad. Que el acoso, las agresiones a las mujeres ni se tapan, ni se perdonan. Que si los machistas no se cortan por respeto, lo hagan por miedo a las consecuencias. Queremos creer que gracias al movimiento feminista, esto algún día se va a acabar. Y que el mundo puede ser un lugar mejor también para las mujeres. Que se acabe el silencio, que se acabe la impunidad. Que se acabe la violencia de los hombres hacia las mujeres.


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Utzi erantzun bat

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